20 abr. 2016

Sant Jordi 2016 + Crossover III - El precio de la libertad.

El próximo sábado 23 de abril, Sant Jordi, estaré en Sant Boi de Llobregat firmando ejemplares de "La Cosecha del Arco-Iris", una antología benéfica a favor de "Tots Som Santboians" para la que he tenido el gusto de participar ilustrando el relato de Fayna Bethencourt, "Para dar de beber a las penas". La sesión de firmas será de 18.00 a 20.00 en la plaza del ayuntamiento de Sant Boi.

Os dejo el evento de Facebook: https://www.facebook.com/events/237348406608926/

Y el cartelito con los nombres de los autores e ilustradores que estaremos allí firmando:



Y aquí llegamos con un nuevo crossover recién salido del horno. Hace unas semanas tuve que saltarme el que me tocaba escribir por una cuestión de tiempo, pero esta vez no me escaqueo xD. 
El sorteo que hizo la buena de Nía Van der Veer determinó que mi microrrelato debía ser un drama de 500 palabras, en 1ª persona y en el cual apareciera alguien cocinando y alguien estornudando.
Ahí va mi propuesta:

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El miedo y la impotencia me invaden de repente, como una ola salvaje al estrellarse contra un acantilado de rocas. Una lágrima recorre mi mejilla. Me quito el pañuelo que cubre mi boca y la beso en la frente, todavía caliente y perlada por el sudor de las fiebres de las últimas horas, deseando que Dios se apiade de su alma. Mi hermana acaba de morir.
Atrapados en el brutal régimen de Kim Jong-Un, mis padres decidieron que debíamos huir del país el día que el hermano de mi madre fue delatado y denunciado por poseer una vieja Biblia escondida en el granero. Él, su esposa y el pequeño Chung-Hee, de cuatro años, fueron ejecutados en público aquella misma tarde, y mis padres tenían miedo a represalias; siempre las había.
Un escalofrío me sacude al recordar las gélidas aguas del río Amnok, la frontera natural que divide Corea del Norte y China. Era de noche y hacía un viento de mil demonios. El río en aquel punto no tenía demasiada profundidad, apenas nos cubría hasta la cintura, pero la corriente era muy intensa y, con las piernas entumecidas por el frío, el cruce se presentaba muy complicado. Mi padre iba delante, con Ji-Yeong en brazos; yo les seguía detrás; y por último, mi madre, que agarraba un pequeño bulto con algunas pertenencias. Paso a paso fuimos avanzando hacia la otra orilla. El agua estaba tan helada que solo los calambres me hacían recordar que aún tenía piernas, y el dolor era tan agudo que temía no llegar al otro lado y, sobretodo, me aterraba no poder aguantar la travesía a pie que nos esperaba después por las montañas hasta el punto de encuentro con Zhou, el broker que nos llevaría a la ciudad china de Shenyang, y de allí a Mongolia. Vi a mi padre y a Ji-Yeong salir del agua y correr para ocultarse entre los árboles. Luego llegó mi turno. Al alcanzar a mi padre y mi hermana, vi una expresión de horror cruzando sus rostros: mi madre no iba tras de mí. Había desaparecido, arrastrada por la corriente. Y ni siquiera pudimos buscarla, o llorarla, pues si no seguíamos adelante y las patrullas nos encontraban nos ejecutarían allí mismo.
Un estornudo me devuelve al presente. Mi padre me mira, envuelto en varias mantas, con una profunda tristeza en sus ojos hinchados. Me levanto y voy a la cocina en busca de Zhou, quién está preparando arroz para los refugiados que habitamos temporalmente el piso franco.
—Zhou... —susurro—. Mi hermana ha...
—Lo siento mucho, Young-Mi. Lamento no haber podido ofreceros más ayuda, nadie puede saber que estáis aquí, si os encuentran...
—Lo sé.
—Ve con tu padre. Nosotros nos encargaremos de todo. La enterraremos en las montañas esta noche.
—Gracias.
Lloro al pensar que mi pequeña Ji-Yeong será enterrada como un animal, en mitad de la nada, sin ritos ni honor; al pensar cuántos más como ella y mi madre habrán pagado ese precio por la libertad. 

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Y mi sorteo para el crossover de Susana Bielsa:

"Relato del género que tú quieras, de 200 palabras en 3ª persona, cuya acción transcurra dentro de un coche y alguien asesine un osito de peluche"

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